¿POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS HACEN ẸBỌ Y AUN ASÍ LAS COSAS SALEN MAL?
Esta es una pregunta que tarde o temprano aparece en la vida de muchas personas que siguen Ifá.
“Consulté Ifá, hice el Ẹbọ que me indicaron… entonces, ¿por qué sigo teniendo problemas?”
Y también es una de las preguntas que más escuchamos de quienes llegan a Ifá buscando una solución.
Hay personas que llegan desesperadas porque tienen problemas económicos, familiares, sentimentales, laborales o espirituales. Consultan Ifá, aparece determinado Odù, se marca un Ẹbọ y automáticamente creen que después de realizarlo todo tiene que cambiar.
Pero Ifá no funciona así.
Y creo que esto tenemos que explicarlo con mucha claridad.
Ẹbọ no es comprar un milagro.
Ẹbọ tampoco significa entregarle algo a una divinidad y sentarnos a esperar que mágicamente desaparezcan las consecuencias de nuestras propias decisiones.
Si entendemos Ẹbọ de esa manera, estamos entendiendo solamente una pequeña parte de algo mucho más profundo.
Cuando consultamos Ifá, no deberíamos escuchar solamente cuál es el Ẹbọ.
Tenemos que escuchar qué está diciendo el Odù.
Porque muchas veces ahí está justamente el problema.
Ifá puede advertirle a una persona que debe cambiar determinada conducta, alejarse de ciertas compañías, controlar su carácter, dejar una relación destructiva, administrar mejor su dinero, cuidar su palabra, respetar un eèwọ̀ o abandonar hábitos que están destruyendo su propio camino.
La persona realiza el Ẹbọ…
pero continúa haciendo exactamente lo mismo.
Entonces después pregunta:
“¿Por qué el Ẹbọ no funcionó?”
Tal vez la pregunta debería ser otra:
¿Qué cambiaste tú después de hacer el Ẹbọ?
Porque no podemos pedirle a Ifá que abra un camino mientras nosotros seguimos caminando conscientemente hacia el lugar que Ifá nos dijo que evitáramos.
Esto es algo que muchas personas no quieren escuchar.
Es más fácil realizar un ritual que cambiar una conducta.
Es más fácil entregar los elementos de un Ẹbọ que controlar nuestro carácter.
Es más fácil pedir prosperidad que aprender a administrar el dinero.
Es más fácil pedir una buena relación que aprender a respetar, escuchar y construir.
Es más fácil pedir protección contra enemigos que preguntarnos cuántos enemigos estamos creando nosotros mismos con nuestra boca, nuestro comportamiento y nuestras decisiones.
Y aquí entra algo fundamental: Òrì.
Podemos hablar de Ifá, de Òrìṣà, de Ẹbọ y de muchas fuerzas espirituales, pero nunca deberíamos olvidar la importancia de nuestro propio Òrì.
Porque existe una responsabilidad personal que ningún ritual puede sustituir.
A veces las personas buscan una explicación espiritual para todo.
Si el negocio fracasa, alguien les está haciendo algo.
Si la relación termina, alguien trabajó espiritualmente contra ellos.
Si pierden dinero, tienen enemigos.
Si las cosas no salen como quieren, inmediatamente buscan quién es el responsable.
Y sí, dentro de nuestra tradición reconocemos la existencia de diferentes influencias espirituales.
Pero no todo problema es un ataque espiritual.
A veces tomamos malas decisiones.
A veces confiamos en la persona equivocada.
A veces gastamos más de lo que podemos.
A veces actuamos con soberbia.
A veces no escuchamos los consejos.
A veces repetimos durante años el mismo comportamiento y esperamos obtener un resultado diferente.
Y ningún Ẹbọ debería utilizarse para escapar de esa responsabilidad.
También tenemos que comprender otra cosa.
Ifá no siempre promete que nunca tendremos dificultades.
Hay situaciones que pueden evitarse.
Otras pueden disminuirse.
Algunas pueden transformarse.
Y existen experiencias que forman parte de procesos mucho más profundos de nuestra vida.
Por eso una consulta seria no debería reducirse a:
“Salió este Odù, tienes este problema, haz este Ẹbọ y mañana todo estará solucionado.”
Ifá es mucho más que eso.
Una consulta debe ayudarnos a comprender qué está ocurriendo, por qué está ocurriendo, qué debemos atender espiritualmente y qué debemos modificar nosotros.
El Ẹbọ forma parte de ese proceso.
Pero nosotros también formamos parte del Ẹbọ.
Nuestra disciplina.
Nuestro carácter.
Nuestra paciencia.
Nuestra capacidad de escuchar.
Nuestra manera de relacionarnos con los demás.
Nuestra responsabilidad con nuestra propia vida.
Todo eso importa.
Y también debemos hablar de algo incómodo.
No todo lo que hoy se llama Ẹbọ está necesariamente bien hecho.
No basta con que alguien diga “yo soy Babaláwo” o “yo trabajo con Ifá”.
Hay conocimiento, procedimientos, responsabilidades y límites dentro de la tradición.
Por eso también es importante saber quién realizó la consulta, cómo interpretó el Odù, qué determinó realmente Ifá y si aquello que se hizo correspondía verdaderamente a lo indicado.
Pero tampoco podemos caer en el otro extremo de pensar que cada vez que algo no salió como queríamos necesariamente fue porque el sacerdote hizo algo mal.
Cada situación tiene que analizarse con seriedad.
Para mí, uno de los grandes errores de nuestro tiempo es convertir Ifá en una especie de servicio de emergencia espiritual.
Tengo un problema → consulto.
Me marcan Ẹbọ → lo hago.
Espero el resultado → sigo con mi vida exactamente igual.
Y cuando aparece otro problema, vuelvo nuevamente.
Eso no es comprender Ifá.
Ifá también enseña una manera de vivir.
Quien verdaderamente comienza a comprender Ifá debería comenzar también a observarse a sí mismo.
¿Cómo estoy viviendo?
¿Cómo estoy tratando a las personas?
¿Cómo estoy utilizando mi palabra?
¿Cómo estoy administrando lo que llega a mis manos?
¿Qué decisiones estoy tomando?
¿Qué advertencias recibí y decidí ignorar?
¿Qué me pidió cambiar el Odù que todavía no he cambiado?
Esas preguntas muchas veces son más difíciles que realizar cualquier Ẹbọ.
Y justamente por eso son necesarias.
Porque hay personas que quieren que Ifá cambie su vida sin estar dispuestas a cambiar absolutamente nada de ellas mismas.
Y ahí tenemos un problema.
Para mí, Ẹbọ no significa entregarle nuestra responsabilidad a lo espiritual.
Significa actuar espiritualmente y después asumir nuestra parte.
Ifá puede mostrar un camino.
Puede advertir un peligro.
Puede señalar un desequilibrio.
Puede indicar Ẹbọ.
Puede orientarnos.
Pero después nosotros tenemos que caminar.
Y caminar correctamente.
Por eso, cuando alguien me pregunta:
“¿Por qué hice Ẹbọ y las cosas todavía no salen como quiero?”
Yo también preguntaría:
¿Escuchaste realmente todo lo que dijo Ifá?
¿O solamente escuchaste la parte donde te dijeron qué Ẹbọ tenías que hacer?
Porque muchas veces queremos el Ẹbọ…
pero no queremos el consejo.
Queremos la bendición…
pero no queremos la disciplina.
Queremos que cambie nuestro destino…
pero no queremos cambiar nuestra conducta.
Y quizás ahí esté una de las enseñanzas más importantes.
Ẹbọ puede ser parte de la solución, pero nunca debería convertirse en una excusa para no transformar nuestra propia vida.
Ifá no solamente debe estar frente a nosotros cuando tenemos un problema.
Ifá tiene que comenzar a reflejarse en nuestra manera de vivir.
Y ahora quiero dejar esta pregunta especialmente para quienes son Onífá y para quienes alguna vez buscaron a Ifá intentando solucionar un problema:
¿Alguna vez hiciste un Ẹbọ esperando que cambiara una situación y con el tiempo comprendiste que también eras tú quien tenía que cambiar?
Los leo.
Porque seguramente detrás de cada respuesta hay una experiencia de la que todos podemos aprender.
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