Hay personas que buscan desesperadamente una bendición en todos lados y se olvidan de una de las fuerzas más importantes de su propia existencia: Orí.
Podés consultar a Ifá.
Podés consultar a los Òrìṣà.
Podés realizar Ebó.
Podés hacer ofrendas.
Podés pedir caminos, prosperidad, salud, protección y evolución.
Pero jamás te olvides de tu propio Orí.
Porque el Ebó puede abrir un camino, los Òrìṣà pueden interceder y la espiritualidad puede acompañarte, pero tu Orí debe estar en armonía con aquello que estás buscando y con aquello que pertenece a tu destino.
Por eso no todo lo que una persona desea necesariamente termina manifestándose de la manera que imaginó.
Muchas veces el ser humano dice:
“Yo hice el Ebó, ¿por qué todavía no ocurrió lo que quería?”
Pero el Ebó no existe para obligar al destino a cumplir nuestros caprichos.
El Ebó no compra milagros.
El Ebó no compra a los Òrìṣà.
El Ebó no convierte nuestros deseos en órdenes.
El Ebó busca corregir, equilibrar, apartar obstáculos y favorecer aquello que puede ser encaminado.
Y ahí aparece algo que jamás deberíamos olvidar:
Orí recibe y acompaña aquello que verdaderamente puede asentarse en nuestro camino.
Por eso atender a Orí es tan importante.
No tiene sentido pedir prosperidad si nuestras propias decisiones destruyen cada oportunidad.
No tiene sentido pedir tranquilidad si vivimos alimentando conflictos.
No tiene sentido pedir caminos abiertos si cuando una puerta aparece frente a nosotros elegimos caminar hacia la equivocada.
No tiene sentido realizar Ebó y después hacer exactamente lo contrario de aquello que el oráculo aconsejó.
A veces pedimos que la espiritualidad cambie nuestra vida cuando primero deberíamos preguntarnos si nosotros estamos dispuestos a cambiar nuestras decisiones.
Kò sí Òrìṣà tí yóò bù kún ẹni ju Orí ẹni lọ.
No existe Òrìṣà que pueda bendecir a una persona por encima de su propio Orí.
Por eso podés recorrer muchos templos, conocer grandes sacerdotes, realizar ceremonias y buscar respuestas en muchos lugares…
pero nunca podrás escapar de tu propio Orí.
Cuando tu Orí está bien encaminado, también podés reconocer mejor las oportunidades que aparecen en tu destino.
Cuando tu Orí está perturbado por malas decisiones, desesperación, orgullo, rabia o impulsividad, hasta una bendición que llega puede terminar desperdiciándose.
Por eso, además de pedir:
“Dame.”
Aprendé también a pedir:
“Que mi Orí sepa recibir, reconocer y conservar aquello bueno que llegue a mi vida.”
Orí mi, gbé mi dé ibi rere.
Mi Orí, condúceme hacia un buen lugar.
Que mi Orí acepte aquello que sea para mi Iré.
Que rechace aquello que pueda conducirme hacia mi propia destrucción.
Que me dé claridad para comprender lo que me corresponde y sabiduría para aceptar aquello que no pertenece a mi camino.
Porque quizás una de las mayores bendiciones no sea recibir absolutamente todo lo que pedimos.
Quizás también sea tener un Orí suficientemente fuerte y equilibrado para no recibir aquello que algún día terminaríamos lamentando.
Antes de pedirle al mundo que cambie tu destino, aprendé a respetar, atender y escuchar tu propio Orí.
Àṣẹ.
.png)