Experiencia

Iyalorisa Odobunmi
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 Desagrado.

Todo contratiempo incomoda. Sin embargo, sin el desagrado, sería imposible adquirir experiencia.
Obstáculo.
Todo impedimento dificulta el camino. Pero, sin obstáculos, ninguno de nosotros lograría superar sus propias limitaciones.
Decepción.
Toda desilusión duele. No obstante, sin ella, difícilmente aprenderíamos a distinguir lo correcto de lo incorrecto.
Enfermedad.
Toda dolencia representa una prueba. Sin embargo, muchas veces es la enfermedad la que nos enseña a valorar y preservar conscientemente nuestra salud.
Tentación.
Todo desafío pone a prueba nuestro equilibrio. Pero, sin la tentación, jamás conoceríamos la verdadera fuerza de nuestra voluntad.
Pérdida.
Toda pérdida hiere. Sin embargo, sin ella, sería casi imposible construir relaciones más maduras, seguras y conscientes.
Ingratitud.
Toda traición a la confianza lastima el alma. No obstante, sin experimentar la ingratitud, difícilmente aprenderíamos a valorar y administrar con sabiduría el tesoro de nuestros afectos.
Des encarnación.
Toda muerte trae dolor. Pero, sin la des encarnación, no alcanzaríamos la renovación necesaria, dejando atrás experiencias que ya cumplieron su propósito y liberándonos del desgaste inevitable del cuerpo físico.
Comprendamos, por tanto, que no debemos desear las dificultades que nos rodean; sin embargo, es indispensable reconocer que, sin ellas, perpetuaríamos nuestras pasiones, errores, desequilibrios y desaciertos. Por eso, conviene interpretarlas como llaves liberadoras que actúan sobre nuestro espíritu, ayudándonos a transformarnos en aquello que estamos llamados a ser, cambiando en nosotros mismos —y, como consecuencia, a nuestro alrededor— todo aquello que necesita ser renovado.


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