Muchas veces, los hijos de religión no alcanzamos a percibir todo lo que nuestros guías hacen por nosotros.

Iyalorisa Odobunmi
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Muchas veces, los hijos de religión no alcanzamos a percibir todo lo que nuestros guías hacen por nosotros.
Vemos sus palabras, sus consejos, sus llamados de atención y, a veces, hasta podemos sentir que son demasiado exigentes. Pero detrás de cada palabra hay una lucha que muchas veces no conocemos, una protección que no vemos y un esfuerzo silencioso para mantenernos alejados de aquello que puede hacernos daño.

Nuestros guías muchas veces cargan con preocupaciones que nosotros ni siquiera imaginamos. Se enfrentan a situaciones, energías y dificultades para proteger nuestro camino, aun cuando nosotros no seamos conscientes de lo que sucede alrededor.

No todo lo que hacen se puede explicar. No todo se ve. Hay batallas que se libran en silencio y protecciones que solo comprendemos cuando pasa el tiempo y miramos hacia atrás.

Por eso, a veces deberíamos aprender a valorar más, escuchar más y juzgar menos. Porque detrás de un consejo puede haber una preocupación, detrás de un límite puede haber protección y detrás de un silencio puede existir una lucha enorme por nuestro bienestar.

Ser hijo de religión también significa aprender a reconocer que no siempre vemos todo lo que nuestros guías hacen por nosotros. Y quizás una de las formas más sinceras de agradecerles sea confiar, respetar y entender que muchas veces están cuidándonos incluso de cosas que nosotros todavía no somos capaces de percibir.
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