En una comunidad religiosa, la lengua que inventa, murmura y divide también destruye. No hay rezo ni fundamento que justifique hablar de lo que no se sabe y sembrar discordia entre hermanos.
Quien tiene algo que decir, que lo diga de frente y con la verdad. Porque el chisme puede engañar por un tiempo, pero tarde o temprano deja al descubierto a quien lo alimenta.