Te quejás del Pai de Santo, pero querés un guía que te enseñe, que te marque el camino y que te corrija cuando sea necesario.
Te quejás del Ilé, pero cuando buscabas una casa espiritual querías encontrar un lugar donde aprender, crecer y sentirte parte.
Te quejás de Exu y Pombagira, pero fuiste vos quien pidió su fuerza, su protección y su presencia en tu camino.
Te quejás de las obligaciones, pero querés recibir la fuerza de los Orixás y la bendición de aquello que representa la espiritualidad.
Te quejás de las reglas, pero querés una religión con fundamento, respeto y disciplina.
Te quejás cuando el Pai te llama la atención, pero muchas veces pediste alguien que te dijera la verdad y no solamente lo que querías escuchar.
Te quejás del tiempo que lleva aprender, pero querés tener conocimiento y fundamento sin atravesar el proceso.
Te quejás de los hermanos, pero olvidás que todos llegan con defectos, aprendizajes y caminos diferentes.
Te quejás de servir, pero querés ser servido por la espiritualidad.
Te quejás de los sacrificios, pero querés recibir conquistas.
Te quejás de la disciplina, pero querés evolución.
Te quejás de la responsabilidad que trae la religión, pero querés tener la fuerza y el respaldo que viene con ella.
Muchas veces el problema no está en el camino, en el Ilé, en el Pai o en las entidades.
Muchas veces el problema está en que queremos recibir todo lo que la religión ofrece, pero sin aceptar todo lo que la religión nos enseña.
Porque la espiritualidad no solamente nos da fuerza, también nos transforma. No solamente nos protege, también nos exige crecimiento, humildad y compromiso.
Fijate de qué te quejás... porque capaz que un día mires atrás y te des cuenta de que te estabas quejando de tus propios sueños cumplidos.
Capaz que eso que hoy sentís como una carga era la respuesta a un pedido que hiciste ayer.
Capaz que aquello que hoy cuestionás es justamente aquello que un día pediste encontrar.
