EL ERROR DE CREER QUE UN ODÙ TE CONTÓ TODA LA VIDA DE UNA PERSONA
Hay Babaláwo que realizan una consulta de Ifá a una persona, observan el Odù que aparece y, desde ese momento, creen que conocen toda su historia.
Conocen un Odù.
No conocen una vida.
Ifá puede revelar situaciones extraordinariamente profundas: conflictos, oportunidades, peligros, comportamientos que deben corregirse, bendiciones que pueden manifestarse, enemigos, relaciones, familia, Ajé, salud, descendencia, longevidad, tabúes y muchas otras circunstancias.
Pero existe una diferencia enorme entre lo que el Odù está revelando en una consulta determinada y la totalidad de la historia de la persona sentada frente al Babaláwo.
Un Odù no convierte automáticamente al sacerdote en biógrafo.
La persona que consulta tenía una vida antes de entrar por tu puerta.
Ha amado, perdido, trabajado, sufrido, aprendido, cometido errores, cambiado de pensamiento, conocido personas, tomado decisiones y atravesado experiencias que tú jamás presenciaste.
Ifá puede señalar una realidad de esa vida.
Eso no significa que tú conozcas todas las demás.
El problema comienza cuando el Babaláwo deja de interpretar lo que Ifá reveló y empieza a completar los espacios vacíos con su imaginación.
Entonces ya no dice:
“Ifá está señalando esto.”
Comienza a decir:
“Yo sé exactamente lo que te pasó.”
Y esas dos afirmaciones no son iguales.
Si aparece un Odù relacionado con traición, no significa que conocemos automáticamente quién traicionó a la persona, cuándo ocurrió, cómo sucedió y todos los detalles que rodearon el acontecimiento.
Si Ifá habla de dificultades matrimoniales, eso no nos autoriza a inventar la historia completa de ese matrimonio.
Si habla de problemas familiares, no significa que conocemos todas las relaciones existentes dentro de esa familia.
Si señala dificultades económicas, no conocemos automáticamente las decisiones, circunstancias y acontecimientos que llevaron a esa situación.
El Odù ofrece información. El Babaláwo necesita interpretación. Y la interpretación necesita sabiduría.
Ahí precisamente está una de las diferencias entre recitar Ifá y comprender cómo trabajar con Ifá.
El verdadero trabajo del Babaláwo no consiste en impresionar al cliente haciéndole creer que posee poderes para conocer hasta el último detalle de su existencia.
Consiste en escuchar cuidadosamente lo que Ifá está diciendo, determinar por qué lo está diciendo y orientar correctamente a la persona.
Hay momentos en los que será necesario preguntar.
Y preguntar no disminuye al Babaláwo.
Al contrario.
Una pregunta inteligente puede permitir comprender exactamente cómo se está manifestando aquello que Ifá acaba de señalar.
El orgullo, sin embargo, puede hacer que algunos sacerdotes tengan miedo de preguntar porque creen que deben aparentar saberlo absolutamente todo.
Entonces comienzan las suposiciones.
Y cuando una suposición se presenta como palabra de Ifá, estamos entrando en un terreno peligroso.
No debemos atribuirle a Ifá aquello que salió de nuestra propia imaginación.
El Babaláwo debe saber distinguir entre tres cosas:
lo que Ifá dijo,
lo que él interpretó,
y lo que él simplemente supone.
Confundir esas tres cosas puede causar mucho daño.
Porque una persona puede tomar decisiones importantes pensando que una opinión personal del sacerdote fue una revelación directa de Ifá.
Por eso la humildad intelectual también debe formar parte del sacerdocio.
Podemos conocer cientos o miles de versos y todavía necesitar escuchar.
Podemos tener décadas de experiencia y todavía encontrar una situación que nunca habíamos enfrentado.
Podemos reconocer perfectamente el Odù y aun así desconocer cómo determinados aspectos están manifestándose en la vida específica de esa persona.
Cada persona es mucho más grande que los minutos que dura una consulta.
Ifá puede abrir una ventana extraordinaria hacia su situación.
Pero una ventana no es toda la casa.
El Babaláwo responsable interpreta la ventana que Ifá abrió.
No inventa las habitaciones que todavía no ha visto.
Nuestra función no es demostrar cuánto sabemos sobre la persona.
Nuestra función es comprender correctamente qué está diciendo Ifá y qué debe hacer esa persona a partir de esa revelación.
Porque cuando el ego del sacerdote comienza a hablar más fuerte que el Odù, la consulta deja de pertenecer completamente a Ifá.
IFÁ REVELA.
EL BABALÁWO INTERPRETA.
LA PERSONA VIVE SU PROPIA HISTORIA.
Y tener la sabiduría para reconocer la diferencia también forma parte de ser Babaláwo.
