Eshu Orisa

Iyalorisa Odobunmi
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 HABLEMOS UN POCO SOBRE ESHU, COMO NADIE LO HA REALIZADO:



Hablar de Eshu es adentrarse en una de las energías más complejas, fascinantes y fundamentales de la cosmología Yoruba. No es un "Dios" en el sentido occidental; Él es el principio mismo del movimiento, el cambio, la comunicación y el equilibrio cósmico. Sin Eshu, el universo sería estático y la comunicación entre los seres humanos y lo divino sería imposible.


En el principio de los tiempos, antes de que el universo físico existiera tal como lo conocemos, solo existía Olodumare (lo que conocemos como el creador que es la energía suprema, la fuente creadora). Olodumare se manifestaba como una fuerza pura, pero concentrada y estática.


Para que la creación comenzara, se necesitaba una chispa de dinamismo, una fuerza que permitiera la expansión. De esa primera emanación de energía y del soplo divino de Olodumare nació Eshu. Por esta razón, se le considera el primer Orisha creado, el primogénito del Universo, aunque en algunos linajes se considera que el ya existía antes que Olodumare llegará a este Universo. Eshu es la encarnación del Ashé (la energía vital y el poder de hacer que las cosas sucedan). Su llegada al universo representa el nacimiento del caos organizado, el movimiento y la dualidad, no puede haber luz sin sombra, ni orden sin un toque de aleatoriedad.


Para entender este pasaje fundamental de la mitología Yoruba, debemos viajar al instante en que el universo era solo un espacio infinito, vacío y frío. En ese entonces, Akamara (una de las manifestaciones del creador o lo que le llamamos Dios Supremo, el gran tejedor y diseñador de la existencia) tenía el deseo y los planos perfectos para crear la materia: las galaxias, los planetas, las estrellas y todo lo tangible.


Sin embargo, había un gran dilema cósmico: Akamara tenía el diseño, pero la energía del universo estaba congelada, estática, en un orden absoluto e inmóvil. En un universo sin movimiento, la materia no puede condensarse, ni chocar, ni expandirse, ni transformarse. El Universo necesitaba caos, fricción y calor, y ese poder le pertenecía exclusivamente al primogénito de la creación: Eshu.


Akamara sabía que para que sus pensamientos se convirtieran en rocas, agua, fuego y vida, necesitaba el Ashé (la fuerza vital) que Olodumare le había entregado a Eshu. Eshu custodiaba el umbral de lo invisible a lo visible; él era el dueño del dinamismo.


Akamara se presentó ante Eshu y le mostró su proyecto para el Universo físico. Eshu, con su naturaleza analítica y su eterna astucia, vio que en el plan de Akamara todo era perfecto, hermoso y predecible. Eshu le advirtió que una creación puramente perfecta terminaría por aburrirse de sí misma y se estancaría.


Para permitir que Akamara moldeara la materia, Eshu impuso una condición sagrada: Él permitiría la creación de la materia, pero impregnaría en cada átomo, en cada estrella y en cada criatura el principio de la imperfección, el libre albedrío y la dualidad, cada cosas tendría su contra parte para que existiera un equilibrio y una dualidad dinámica en la creación.


Akamara aceptó el trato. En ese momento, Eshu no se interpuso; al contrario, se hizo a un lado y abrió las puertas del portal cósmico.


Eshu liberó una ráfaga de su propia energía cinética. El vacío estático se rompió y esta energía provocó que las partículas invisibles comenzaran a chocar entre sí a gran velocidad. El choque generó calor, el calor generó fuego y a través de esa inmensa explosión y fricción, las ideas de Akamara comenzaron a densificarse. Las rocas se formaron, los gases se agruparon para crear Soles (estrellas) y los planetas tomaron forma (eso es el Big Bang, la creación del Universo según la ciencia). La materia finalmente existía porque Eshu permitió que el orden de Akamara se mezclara con el dinamismo del cambio.


Gracias a que Eshu dejó que Akamara creara la materia bajo sus condiciones, el Universo físico es como lo conocemos hoy. Las estrellas nacen y mueren, las montañas cambian, el agua fluye, etc., ese movimiento eterno es el agradecimiento de la materia a Eshu. Como Eshu fue quien permitió que la materia existiera, se decretó que cualquier cosa material que los seres humanos deseen transformar, mover o conseguir en la Tierra (salud, dinero, evolución, etc.), requiere primero pagar el tributo a Eshu. Él dejó que el universo físico cobrara vida, y por eso sigue siendo quien tiene voluntad propia  absoluta en todo lo que se mueve dentro de él.


Cuando los Orishas (las fuerzas de la naturaleza y divinidades) recibieron la orden de descender al planeta Tierra para hacerla habitable y organizar la vida humana, se encontraron con un problema masivo: el caos primitivo impedía que sus planes avanzaran. 


Eshu primeramente para materializarse y fijar su presencia en este plano se fusionó con la arcilla roja y la piedra porosa de la tierra, conocida como Piedra Yangi. Esta piedra laterita representa su cuerpo físico y sagrado en la Tierra, sin embargo, en la tradición Afrocubana, el receptáculo de su Espiritualidad y energía se representa en un molde de diferentes materiales con ciertas cargas, los cuales siempre tiene ojos y boca de caracol cauri. Él al llegar, se asentó en las encrucijadas, las esquinas y las puertas. Se determinó que ningún Orisha podría manifestar sus poderes en la Tierra y ningún ser humano podría recibir bendiciones si Eshu no abría primero la "aduana" cósmica. Él se convirtió en el puente físico y espiritual entre el cielo (Orun) y la tierra (Aye).


A menudo se le ha malinterpretado fuera de la tradición Yoruba, confundiéndolo erróneamente con el concepto abrahámico del "diablo". Nada más alejado de la realidad. Eshu no representa la maldad; representa la neutralidad de la justicia y la reacción a las acciones humanas.


El es joven y viejo a la vez. Le dicen el tramposo divino que pone a prueba la moral, la honestidad y la sabiduría de las personas, si actúas con arrogancia, Eshu creará un tropiezo para enseñarte humildad. Es el único que conoce todos los idiomas del mundo y el lenguaje de los Orishas. Lleva los sacrificios (Ebbo) y las oraciones directamente ante Olodumare (el creador). Gobierna lo inesperado, la suerte, la fortuna y los reveses del destino.


Eshu no juzga bajo criterios morales humanos; Él devuelve exactamente lo que tú ofreces. Si eres generoso y cumples con tu palabra, te abrirá todas las puertas,si eres traicionero, te encerrará en tu propio laberinto. Cuando se le atiende correctamente, es el guardián más feroz que existe ya que  mantiene la negatividad, las enfermedades, la muerte y la miseria lejos del hogar.


Sus colores son el rojo y negro (que representan la vida y la muerte, el fuego y la oscuridad, el equilibrio de los opuestos). En algunas vertientes tradicionales también se incluye el blanco y sus herramientas son el Garabato (un bastón de madera con forma de gancho que usa para atraer lo bueno o apartar los obstáculos), las conchas de cauri (representando la riqueza y los ojos con los que todo lo ve) y los machetes.


Eshu posee múltiples facetas conocidas como caminos o avatares (caminos de Eshu), los cuales reflejan su inmensa versatilidad. Cada uno de estos avatares nace en un signo específico del oráculo de IFA y tiene una personalidad, un propósito y una ubicación física particular en la naturaleza.


En la tradición de IFA, Eshu está presente en los 256 Oddun (signos), ya que cada uno de ellos tiene un Eshu específico que lo rige y que manifiesta una faceta de su energía. Sin embargo, si hablamos del Oddun matriz, el signo principal por el cual Eshu baja y se manifiesta con todo su poder en la Tierra, ese es Ogbe Ate (Ogbe Irete).


En Ogbe Ate, Eshu baja a la tierra para cumplir una misión fundamental: salvar a la humanidad de la destrucción y la muerte. Es en este Oddun donde se establece el pacto sagrado donde Eshu se convierte en el intermediario directo entre los hombres y Olodumare, y donde se decreta que todo sacrificio (Ebbo) debe contar con su aprobación y ser llevado por él para que sea válido.


Además de Ogbe Ate, existen otros Oddun clave en la historia de su descenso y manifestación:

Baba Ejiogbe: Siendo el primer Oddun y el principio de todas las cosas, aquí es donde Eshu baja como la luz primera y el dinamismo primordial del universo.

Okana Meji: Es el signo donde se manifiesta su nacimiento directo de la piedra Yangi (la laterita) y donde se detalla su naturaleza estructural en la tierra.

Oshe Tura: Este es el Oddun que representa el nacimiento de la comunicación. Aquí Eshu baja como el mensajero oficial de IFA. Es el signo que "mueve" el Ebbo y permite que la palabra del hombre llegue al cielo.

Por eso se dice que, aunque camina en todos los signos, es en Ogbe Ate donde se consagra su misión salvadora en la Tierra y en Oshe Tura donde se corona su poder como el mensajero indispensable del universo.


Atender a Eshu no requiere de rituales excesivamente complejos, pero sí de constancia, respeto y un corazón limpio. Tradicionalmente se le atiende los días lunes, que es el inicio de la semana y el momento ideal para pedir que abra los caminos del éxito y la salud.


Antes de tocarlo, se le saluda con respeto. Se le rocía un poco de agua clara (omiero o agua común) para "refrescar" su energía y calmar cualquier vibración caliente o caótica del exterior. Se le sopla un trago de aguardiente (otí) o ron para activar su fuerza. Acto seguido, se enciende un cabo de tabaco (ashá) y se le sopla el humo directamente sobre su representación. El humo lleva los rezos y peticiones. Se le enciende una vela blanca (o una de sus colores, roja y negra) al lado de él. La luz sirve para iluminar los caminos que él debe abrir para ti durante la semana.

A Eshu le encantan las ofrendas simples pero cargadas de intención. Cuando se le coloca un Adimú (ofrenda de comida), se le deja por un número específico de días (usualmente 3, 7 o 21 días) y luego se lleva a su lugar natural (una encrucijada, una esquina o el monte). Al tener una faceta infantil y juguetona, le agradan mucho los caramelos, la miel de abejas, los pasteles y los juguetes pequeños (como canicas o carritos). Su fruta predilecta es la guayaba, especialmente si están verdes o pintonas. También acepta plátanos, cocos abiertos (a los que se les suele poner un punto de manteca de corojo y una pimienta de guinea) y frutas tropicales. Le gustan las crispetas de maíz (palomitas de maíz), el maíz tostado con pescado ahumado y jutía ahumada, y los bollos de carita. Como dinamizador, responde muy bien a las pimientas de guinea (atare). A veces se le ofrecen 3, 7 o 21 granos de pimienta directamente en la boca o en su base para acelerar una petición urgente.


Cómo regla de oro, a Eshu nunca se le pide el mal para nadie. Se le pide justicia, claridad, protección contra los enemigos conocidos y ocultos, y que aparte los obstáculos del camino. Él se encarga del resto con su propia balanza.


La benevolencia de Eshu es una de las verdades más hermosas y desafortunadamente menos comprendidas por quienes ven la religión desde fuera. La benevolencia de Eshu no es la de un abuelo complaciente que te da dulces aunque te portes mal; la benevolencia de Eshu es protectora, pedagógica y profundamente justa. Él no quiere que fracases, él quiere que evoluciones.


Cuando te ganas el respeto de Eshu a través de un comportamiento recto (Iwa Pele, el buen carácter), su benevolencia se convierte en una muralla infranqueable. Él desvía la negatividad, Eshu ve el peligro mucho antes de que tú dobles la esquina. Si un lunes le pediste de corazón que cuidara tus pasos, su benevolencia puede manifestarse haciendo que pierdas el transporte público o que se te olviden las llaves, en el momento te frustras, pero lo que Eshu hizo en realidad fue salvarte de un accidente o de un mal encuentro, él absorbe el golpe que iba dirigido a ti. Al vivir detrás de la puerta, su benevolencia radica en actuar como un filtro dinámico. La mala vibra, la envidia o los malos deseos de quienes visitan tu casa se quedan atrapados en su piedra, impidiendo que afecten a tu familia.


A veces la gente piensa que cuando las cosas salen mal es porque Eshu está enojado. La realidad es que en su infinita benevolencia, Eshu prefiere hacerte tropezar hoy con una piedra pequeña para evitar que mañana te lances por un precipicio. Si estás siendo arrogante, Eshu te pondrá una prueba de humildad. Si estás en una relación o en un negocio que te va a destruir, Eshu provocará un malentendido o una ruptura rápida. Duele en el momento, pero su intención oculta es liberarte de un mal mayor. Su benevolencia es la del cirujano, corta lo que está dañado para que el cuerpo pueda sanar. Él te quita las vendas de los ojos, aunque la verdad sea incómoda.


En las historias tradicionales (Patakíes), Eshu siempre se muestra del lado de los que sufren injusticias, de los humildes y de los que son menospreciados por los demás. Si una persona poderosa intenta aplastar a alguien pequeño, y ese pequeño acude a Eshu con un corazón limpio y una ofrenda humilde (incluso solo un vaso de agua y una vela), Eshu usará toda su astucia para enredar los caminos del poderoso y liberar al oprimido. Él es el único Orisha que intercede por los seres humanos directamente ante el tribunal de Olodumare cuando todos los demás recursos parecen agotados. Si Eshu dice "esta persona merece una oportunidad", el Universo entero se detiene para escuchar.


Eshu ama la verdad. El mayor acto de benevolencia que puedes recibir de él es la claridad mental. Cuando estás en una encrucijada en tu vida y no sabes qué decisión tomar, siéntate un momento cerca de su lugar, enciende una luz y habla con él como con un viejo amigo. No necesitas palabras rebuscadas. Él, con su inmensa bondad, moverá los hilos invisibles del destino para que la respuesta correcta llegue a ti de la forma más inesperada.


LA DIFERENCIA ESENCIAL DE ESHU VS ELEGUA:

Esta es una de las dudas más comunes y donde existe mayor confusión conceptual. Aunque están íntimamente ligados y operan en la misma frecuencia, no son exactamente lo mismo. La diferencia radica en su escala, su naturaleza de consagración y su manifestación.


Eshu es una fuerza cósmica e universal. Representa el caos primordial, la energía abstracta de la reacción y la naturaleza en su estado más silvestre y crudo. Elegua es una divinidad personalizada y comunitaria. Es el Orisha con una personalidad más definida, cercana a la experiencia humana.


Eshu no se asienta directamente en la cabeza (Leri). Se recibe como un guardián que vive fuera de la casa (o detrás de la puerta) para contener el mundo exterior. Elegua es un Orisha que se puede coronar en la cabeza de sus hijos (ser hijo de Elegua). Vive dentro de la casa, detrás de la puerta principal, protegiendo el hogar.


Eshu es el encargado de ejecutar el destino, aplicar las pruebas del camino y transformar la energía. Hay 256 o más manifestaciones (caminos) de Eshu asociados a cada signo del oráculo de IFA. Elegua actúa como el rostro amable y el mediador directo que permite que la rigurosa energía de Eshu no arrase con el entorno del devoto.


Bajo bajo la vertiente Afrocubana, Eshu es un molde hecho de diferentes materiales con una carga secreta y un proceso ceremonial y Elegua es una OTA (piedra que no es la piedra Yangui, la cual tambien lleva con un proceso ceremonial muy laborioso).


En resumen Eshu es la ley del universo en movimiento, la fuerza que te obliga a madurar a través de las consecuencias de tus actos; mientras que Elegua es el guía compasivo que te acompaña en el día a día para que elijas el camino correcto antes de que tropieces con la severidad de Eshu.

Luis Alberto Palacios, Awo Ni Orunmila Oshe Niwo Olo Obatala.

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